Fácil y sencillo, "nunca hagas lo que no quieres que te hagan". Eso es muy cierto, por lo menos en mi caso.
Ayer me hicieron lo que yo ya hice y estoy haciendo. Lo tomaré como un toque de atención del destino, un aviso de que no continúe.
Ayer terminé dando pena, dando mucha pena y por esa pena y el sentimiento de víctima que nos mueve (ir siempre con el perdedor) acabé consiguiendo lo que ya había conseguido en mis sueños. Lo acabé consiguiendo es cierto, pero ¿a qué precio? ¿al precio de no significar nada? ¿al precio de dejarlo como anécdota?
Ayer me di cuenta de lo negativo que es que te den una oportunidad, una sola oportunidad sin tener opción a más. Una vez pedí que me la dieran, lo supliqué casi, no puedes decir que no a algo que no has probado. Quizás me equivoqué, al fin y al cabo las relaciones son simples negocios en los que las dos partes tienen que estar de acuerdo.
Ayer fallé. Fallé al continuar con lo mismo y forzar un resultado que a la larga no es bueno. A la larga y a la corta, estamos hablando de ayer... Tomaré lo que ocurrió como algo para lo que reflexionar, algo con lo que pensar qué es lo que quiero de verdad.
Me canso de ser paciente, me canso de esperarte, de no tenerte, sí a ti no te tengo, a ti a la cual no conozco aún, a ti que te escondes. Igual me equivoco y ya te he conocido, pero me revienta esperar para comprobarlo.
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